5G , ¿la disrupción definitiva?

5G , ¿la disrupción definitiva?

Siempre que abordo un tema con el que no tengo relación diaria, empiezo buscando publicaciones de expertos o medios de referencia con el fin de contrastar. Con el 5G ocurre que a pesar de ser algo difuso, que no se compra ni se toca ni se huele -la quinta generación de conexiones móviles- la opinión es bastante unánime. Estamos ante una verdadera disrupción.

¿En qué sentido? Básicamente en lo que llaman el Internet de las cosas o IoT en su acrónimo inglés, pues el 5G implica sobre todo muchos, mushísimos dispositivos conectados al mismo tiempo, en la misma red, compartiendo millones de datos. La promesa no es (solo) que nuestra conexión móvil corra más, sino posibilitar un sector industrial hiperconectado e hipersensorizado (y su horrible logo es una prueba indiscutible de ello).

De ahí la creciente preocupación por ciberataques con foco en IoT dirigidos ya no solo hacia webs y servicios online, sino hacia objetos de nuestro de día a día. Incluyendo el propio hogar e infraestructuras básicas como la distribución de agua y electricidad.

Hablar de 5G es hablar de una tecnología ya resuelta y muy vinculada a la sensorización, que se está aplicando en entornos tan distintos como fabricación, logística, entretenimiento, zonas rurales y urbanas, infraestructuras, conducción autónoma y comunicaciones. Así lo explicaron Carlos Becker (Vodafone) y Álvaro Everlet (Altair) en el encuentro ‘5G, el mundo a hipervelocidad’, celebrado en The Valley este viernes 18 de octubre. Se pasará de poder conectar 10.000 dispositivos por kilómetro cuadrado a un millón.

Uno de los sectores que más interés está teniendo en este ecosistema es la administración pública, pues las implicaciones son inmensas. Aspectos como la movilidad urbana, el turismo, la repoblación rural o la gestión de aguas, pero también para la sanidad y la educación, están empezando a implicarse.

¿Retos? Los hay. El más obvio será cómo gestionar la inmensa cantidad de datos generados, cómo establecer sistemas útiles de cribado a fin de que estos sean cualitativamente relevantes. También la falta de expertise, especialmente en países como España donde aún no hay un interés primario por retener talento. Y por supuesto, resolver la fiabilidad de las redes ante ciberataques que de una forma u otra se seguirán produciendo.

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